La madrugada del lunes 4 de julio una patota encabezada por el supuesto comprador del diario Tiempo Argentino y Radio América, Mariano Martinez Rojas, ingresó por la fuerza a la redacción del semanario y destrozó las instalaciones y herramientas de trabajo. Días anteriores ocurrieron hechos similares hacia la planta transmisora de la radio.

Las y los trabajadores vienen luchando por defender sus fuentes laborales y el derecho a informar, desde que los empresarios Sergio Szpolski y Matías Garfunkel, propietarios y vaciadores del grupo 23 luego de percibir jugosas sumas de dinero en concepto de pauta oficial , abandonaron los medios dejándolos a la deriva. Desde ese momento conformaron la Cooperativa “Por Mas Tiempo” que imprime la edición dominical de Tiempo Argentino desde el abril de este año y gestionan Radio América desde el 7 de marzo.

El ataque de Martinez Rojas y sus matones fue posible porque mientras destrozaban la redacción del diario, la Policía Federal permaneció afuera en la vereda, sin hacer nada. En ningún momento cuidaron los derechos de quienes estaban siendo atacados por la patota. Creemos que constituye uno de los atentados más graves contra la libertad de expresión de los últimos diez años, debido a la impunidad con la que se manejan estos sujetos. Al terminar con el destrozo, se retiraron acompañados por los uniformados sin ser requisados.

El Estado no solo estuvo ausente cuando los empresarios dejaron de pagar a las y los trabajadores de estos medios, sino también cuando se llevaron a cabo estos atropellos, ya que no se resguardaron los derechos fundamentales de las personas y se violó el ejercicio a la libertad de expresión. Entendemos que esto se trata de otra mentira más del gobierno sobre la supuesta restitución “del pleno ejercicio” de este derecho en Argentina.

Amarc Argentina expresa toda su solidaridad con las y los trabajadores, y exige al gobierno que asuma la responsabilidad que le corresponde en solucionar el conflicto, y ponga fin a estas prácticas violentas que vulneran de manera profunda los derechos que dicen defender.